Hace 62 años, en Tokio, una palabra nacida como apodo entre atletas de Stoke Mandeville apareció por primera vez en documentación oficial. Esta es la historia del nombre que hoy lleva todo un Movimiento.
¡Un día como hoy, hace 62 años, una palabra llegó a los documentos oficiales de los Juegos! El 8 de noviembre de 1964 comenzaban en Tokio los segundos Juegos de la historia que hoy reconocemos como Paralímpicos y, según el Comité Paralímpico Internacional, fue la primera vez que el término apareció en documentación oficial.
Pero todavía no era el nombre de los Juegos. En el borde de las medallas se leía «Stoke Mandeville International Games – Tokyo 1964», porque el nombre oficial era 13.º Juegos Internacionales de Stoke Mandeville, la competencia creada en Inglaterra por el doctor Ludwig Guttmann. «Paralímpico» seguía siendo un apodo.
Casi 380 atletas de 21 países compitieron en nueve deportes y 144 pruebas, en la primera edición paralímpica realizada en Asia. Asistieron a la apertura el príncipe heredero Akihito y la princesa Michiko, y unos 700 periodistas cubrieron el evento.
De un juego de palabras a un nombre propio
La palabra tenía historia propia. Según el IPC, no hay registros escritos de quién la usó primero, pero probablemente nació como un juego de palabras entre los atletas con paraplejia de Stoke Mandeville a comienzos de los años cincuenta, mezclando «paraplejia» y «olímpico». Sus primeras referencias escritas son de 1953, en periódicos locales y extranjeros.
En Japón, la historia se contó de otra manera. El IPC recoge el testimonio de Seiichiro Ite, exfuncionario del Ministerio de Salud que participó en la organización de los Juegos: los periodistas no conocían los Juegos de Stoke Mandeville, así que les explicaron que eran, en cierto modo, los Juegos Olímpicos para personas con paraplejia, y un reportero propuso simplificarlo a «Paralímpico». La palabra quedó como apodo del comité organizador.
Con los años, el significado cambió. Los Juegos oficiales de Tokio fueron solo para atletas con lesión medular, aunque pocos días después, el 13 y 14 de noviembre, un segundo torneo reunió a competidores, sobre todo japoneses, con otras discapacidades. Más tarde, en Toronto 1976, se sumaron personas amputadas y con discapacidad visual, y el sentido original de «paraplejia» dejó de alcanzar. El título de Juegos Paralímpicos recién fue oficial en Seúl 1988. Hoy el prefijo «Para» se entiende como «junto a»: dos movimientos que existen lado a lado. Es la misma lógica del «para» de nuestros Juegos Parapanamericanos, paralelos a los Panamericanos.
Un dato para tener siempre presente: se dice y se escribe «Paralímpico», sin la «o» de «Paraolímpico», que es una forma incorrecta. La «a» y la «o» quedan en sílabas distintas y el uso se inclinó por «Paralímpico», que además evita confusiones con «Olímpico», un nombre sobre el que el Comité Olímpico Internacional tiene derechos. De hecho, hacia 1990 el COI pidió a los organizadores de Barcelona 1992 que usaran «Paralímpicos» en lugar de «Paraolímpicos».
Las Américas ya estaban en Tokio
Nuestra región también estuvo en esa historia. Compitieron Estados Unidos y Argentina, esta última como la única delegación de habla hispana. Entre sus atletas, Susana Olarte ganó el oro en lanzamiento de bala, además de medallas en jabalina, disco y velocidad, y Noemí Tortul subió dos veces al podio, con bronces en bala y jabalina.
Organizar esos Juegos fue una aventura. El presupuesto inicial era de 80 millones de yenes y, tras la cobertura de la prensa, unas 2.000 personas y organizaciones donaron para cubrir los gastos. Las 610 medallas se fabricaron bajo la dirección de George Butler, instructor de ingeniería del hospital de Stoke Mandeville, con ayuda de pacientes.
Sesenta y dos años después, la palabra que no cabía en las medallas es el nombre de un Movimiento del que nuestra región forma parte, y en agosto de 2027 Lima recibirá los Juegos Parapanamericanos.
